Saltar al contenido principal

mareada by mara

HACER ESPACIO

Hay algo que observo una y otra vez cuando acompaño a una mujer en yoga prenatal: el embarazo nos invita a abrirnos.

Abrir el cuerpo, sí. Pero también el corazón, la mente y el alma.

Porque hacer espacio para recibir a un bebé va mucho más allá de que el vientre crezca.

Es aprender a habitar un cuerpo que cambia cada día. Escucharlo en lugar de exigirle. Moverlo con respeto, fortalecerlo, darle pausas sin culpa y confiar en toda la sabiduría que guarda.

Es abrir la mente y comenzar a soltar la idea de querer controlar todo. Entender que habrá dudas, emociones nuevas, días ligeros y otros no tanto… y que podemos respirar en medio de todos ellos.

Es abrir el corazón.

Empezar a amar a alguien que todavía no conocemos, pero cuya presencia ya está transformando nuestra vida.

Y también es abrir el alma, porque mientras esperamos la llegada de un bebé, algo dentro de nosotras también se está acomodando, creciendo y transformando.

Por eso me gusta pensar que cada práctica de yoga prenatal es un pequeño ensayo para la maternidad.

Respirar cuando aparece la incomodidad.

Hacer una pausa.

Escuchar.

Adaptarnos.

Soltar.

Confiar.

Y volver a respirar.

En mis clases veo cuerpos diferentes, embarazos diferentes, historias diferentes. No busco que todas hagan la misma postura ni que lleguen más lejos. Quiero que cada mamá pueda encontrar ese momento en el que deja de mirar hacia afuera y comienza a escucharse por dentro.

Ese instante en el que coloca sus manos sobre su vientre, respira y simplemente está.

Mamá y bebé.

Sin prisa.

Sin tener que hacer nada más.

Quizá prepararnos para recibir una nueva vida sea precisamente eso: hacer espacio.

Espacio en el cuerpo para crecer.

Espacio en la mente para confiar.

Espacio en el corazón para amar.

Espacio en el alma para transformarnos.

Porque cuando nace un bebé, no solamente llega alguien nuevo al mundo.

También nace una nueva versión de esa mujer.

Y tal vez el yoga prenatal no nos prepara para tener todas las respuestas. Nos enseña algo mucho más valioso: a estar presentes para recibir lo que viene.